Mujeres que hicieron historia

En los últimos años, diversos estudios reivindican cada vez con mayor vigor la figura de la mujer en la gesta independentista americana. En el espacio más acotado del Norte Argentino, fueron numerosas las mujeres que asumieron un rol protagónico en el alumbramiento de esa patria que estaba naciendo.

Aun sin haber recibido un justo reconocimiento por su invalorable aporte, inscribieron sus nombres para siempre en las páginas de la historia latinoamericana mientras esgrimían perfumados abanicos en refinados salones y luchaban codo a codo en las batallas. A contrapelo de las rígidas convenciones de la época, que establecían límites para sus derechos y posibilidades, demostraron que valores como el coraje, la fortaleza, la sagacidad y el patriotismo no eran patrimonio exclusivo de los hombres.

Hoy en día –cuando el rol de la mujer no ha alcanzado aún en todo el mundo la legitimación y el respeto que le corresponde- sus historias siguen demostrándonos que el género no constituye una diferencia con respecto a la condición humana.

 
MARIA REMEDIOS DEL VALLE

Nació en la ciudad de Buenos Aires, en una fecha que no llegó hasta nuestros días. De origen afroamericano, durante la Segunda invasión inglesa al Río de la Plata, María Remedios del Valle auxilió al Tercio de Andaluces, uno de los cuerpos milicianos que defendieron con éxito la ciudad.

Al producirse la revolución del 25 de mayo de 1810 y organizarse la primera Expedición Auxiliadora al Alto Perú, María Remedios se incorporó a la marcha acompañando a su marido y a sus dos hijos, quienes no sobrevivirían a la campaña.

En 1812, enterada de que Belgrano se aprestaba a dar la batalla de Tucumán, en la víspera se presentó y le rogó que le permitiese participar para asistir a los heridos; y aunque el general se negó, María Remedios se las ingenió para pasar al frente y asistir a la tropa, que resultó victoriosa.

Los soldados comenzaron a llamarla "Madre de la Patria" y tras la victoria de Salta, en mérito a su valor, Belgrano la nombró capitana. Luego sobrevinieron las dos importantes derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, donde María Remedios fue herida y tomada prisionera. Sin embargo aún en tal escenario ayudó a escapar a varios oficiales patriotas, lo que enfureció a los realistas.

La feroz reprimenda no se hizo esperar: fue sometida a nueve días de azotes públicos que le dejaron cicatrices imborrables; pero logró escapar y reintegrarse a las fuerzas de Miguel de Güemes y Juan Álvarez de Arenales, con las que continuó batallando y asistiendo a los heridos hasta el final de la guerra.

Finalizada la lucha por la independencia, María Remedios regresó a Buenos Aires, donde se encontró olvidada y reducida a la mendicidad. Por las calles de la ciudad y en cercanías de las iglesias ofrecía pasteles y pedía limosnas. Cuando mostraba sus cicatrices y relataba de dónde provenían, era tildada de demente o senil.

En esta situación permaneció hasta que, en 1827, el general Juan José Viamonte la reconoció en la calle y gestionó para María Remedios una pensión. El 21 de noviembre de 1829 fue ascendida a sargenta mayor de caballería. Sin embargo, fue el gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas quien reivindicó a María Remedios, incorporándola a la plana mayor activa del ejército como sargento mayor y aumentando sustancialmente su pensión.

 

MACACHA GÜEMES

Magdalena Güemes de Tejada nació en Salta el 11 de diciembre de 1787, hija de doña María Magdalena Goyechea y de la Corte y de don Gabriel Güemes Montero, tesorero de la Real Hacienda.

Recibió la educación habitual para las mujeres de su época y de una posición acomodada, pero poseía cualidades propias que le permitieron descollar.

Con tan sólo 16 años, en 1803, contrae matrimonio con don Román Tejada, perteneciente a una antigua familia de Salta.

Su acción en favor de la causa patriota se inició poco después de la Revolución de Mayo, cuando convirtió su casa en taller de confección de uniformes para los soldados.

Fue la más entusiasta y confiable colaboradora de su hermano Martín Miguel, quien le otorgó un rol clave en algunos de los momentos más difíciles de las guerras independentistas. En 1815, por ejemplo, Macacha realizó ingentes esfuerzos y gestiones para lograr la firma del Pacto de Los Cerrillos, luego de la delicada situación surgida entre el Gral. Güemes y las fuerzas de Buenos Aires que respondían al Gral. Rondeau.

Macacha se encontraba en su casa cuando la noche del 7 de junio de 1821 arribó su hermano diciéndole que había recibido su mensaje. Cuando ésta respondió que no lo había mandado llamar, ambos se dieron cuenta de la estratagema realista. Güemes salió de la casa de Macacha y en la esquina de las actuales calles Belgrano y Balcarce fue alcanzado por una bala que lo hirió mortalmente.

Tras el fallecimiento de su hermano, doña Magdalena Güemes siguió participando de los sucesos políticos de la región con la audacia que la caracterizaba. Intervino en la denominada "Revolución de las Mujeres" que, con el apoyo militar de Pablo Latorre, derrocaron al gobernador José Antonio Fernández Cornejo y propusieron como sucesor al José Ignacio de Gorriti.

Más tarde participó también en actos sediciosos contra el general Juan Antonio Álvarez de Arenales y nuevamente contra el General Fernández Cornejo.

Fue muy querida y respetada por el pueblo, debido a su valentía y a su generosidad con los más necesitados. Macacha falleció en junio de 1866, a los 90 años de edad.

Fuente: Roberto Vitry, Mujeres Salteñas, Salta, Editorial Hanne (2000), pp. 139-140.

 

MARTINA SILVA

Martina Silva de Gurruchaga nació en Salta el 3 de noviembre de 1796, en el hogar constituido por el escribano de gobierno don Marcelino Miguel Silva y doña María Isidora Fernández de Córdoba.

Recibió una esmerada educación y en 1810 se casó con don José de Gurruchaga, precursor de la independencia y ministro de la Real Hacienda de Salta.

Patriota entusiasta, contribuyó al éxito del general Belgrano en Salta. Lo hospedó en su casa en Los Cerrillos y consiguió que su marido, un rico comerciante, donara paños para uniformes y dinero para adquirir armas. Doña Martina bordó con sus manos y obsequió al ejército una bandera celeste y blanca en vísperas de la batalla; equipó de su propio peculio al destacamento de soldados vestidos con uniformes azules que apareció oportuna y audazmente sobre las Lomas de Medeiros, sembrando pánico entre los realistas.

Recibió del General Belgrano un tapado de seda en el que estaba bordada la leyenda "A la benemérita patriota, capitana del Ejército, doña Martina Silva de Gurruchaga".

Muchos próceres, entre otros Belgrano, Pueyrredón, Rondeau, Vicente López, encontraron en la casa de esta ilustre patricia el recibimiento cordial y el hospitalario albergue que necesitaban tras las fatigas de las marchas o los reveses de la batalla. En 1820 efectuó una donación de 2000 pesos fuertes para los gastos de la guerra.

Doña Martina falleció en Salta el 19 de marzo de 1874, a los 78 años de edad. Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte de la Catedral Basílica de Salta.

Fuente: Roberto Vitry, Mujeres Salteñas, Salta, Editorial Hanne (2000), pp. 230-231.

 

 JUANA MORO

Juana Gabriela Moro Díaz de López nació en San Salvador de Jujuy el 26 de mayo de 1785, hija del teniente coronel don Juan Antonio Moro Díaz y de doña Faustina Rosa de Aguirre.

En 1802 toda la familia se estableció en Salta. El patriotismo y la audacia de la joven Juana se pusieron de relieve durante los prolegómenos de la batalla de Salta cuando, junto a otras damas se propusieron a conquistar a los oficiales realistas con el propósito de debilitar al ejército enemigo. Doña Juana, mujer de singular belleza, se adjudicó la tarea de seducir al Marqués de Yavi, jefe de la caballería española, logrando que éste y varios compañeros realistas abandonaran las filas el día anterior a la batalla.

En 1814, tras las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma el Virrey del Perú don Joaquín de la Pezuela, invadió Salta y tomó prisionera a Juana para darle un escarmiento ejemplar: la hizo encerrar en una habitación de su casa y ordenó cerrar todas las aberturas de la misma; de ahí el mote de "la emparedada" con que se la conoce. Un grupo de vecinos se compadecieron de Juana y horadaron la pared, salvándola de morir de hambre y sed.

Posteriormente realizó otras arriesgadas acciones, como la de ir a buscar al general Juan Antonio Álvarez de Arenales para conocer la posición de su ejército. Para esto se disfrazó de colla y se lanzó por valles y quebradas.

El 9 de julio de 1853 integró el grupo de damas salteñas que se dirigió al gobierno "lamentando la postergación a que se relega al sexo femenino al no permitírseles jurar la Constitución Nacional".

Doña Juana Moro falleció en Salta en diciembre de 1874, según consta en el Archivo del Arzobispado de Salta, y su figura fue inmortalizada en la famosa zamba de Chanqui Chazarreta y Víctor Abel Gímenez que lleva su nombre.

Fuente: Roberto Vitry, Mujeres Salteñas, Salta, Editorial Hanne (2000), pp. 178-179.

 

 MARIA GERTRUDIS MEDEIROS MARTINEZ DE FERNANDEZ CORNEJO

Doña María Gertrudis nació en Salta el 9 de abril de 1780. Contrajo matrimonio en 1799 con el patriota Juan José Fernández Cornejo. En 1811, cuando integraba la Junta de Gobierno de Salta, su marido falleció en Jujuy. María Gertrudis debió desplazarse entonces desde Campo Santo hasta Salta con sus hijas, a raíz del avance de las tropas realistas, pero cuando llegó a la ciudad, fue desalojada de su hogar, saqueada y encarcelada.

Luego del triunfo del general Belgrano en la Batalla de Salta, María Gertrudis recuperó la libertad. Sin embargo la paz no duró mucho tiempo, ya que en 1814 debió soportar nuevamente el ataque realista en Campo Santo. Su resistencia heroica no fue suficiente, y luego de ser amarrada a un algarrobo que aún es testimonio de aquel momento, fue llevada a pie hasta Jujuy. Nuevamente prisionera, encontró no obstante la manera de enviar informaciones a las fuerzas patriotas, dando cuenta de los movimientos españoles asentados en la vecina ciudad.

Las autoridades realistas la condenaron a morir encerrada en el Socavón de Potosí (actual territorio boliviano), pero la noche antes de ser trasladada logró fugarse. De nuevo en Salta, siguió contribuyendo con el ejército patriota, donando animales y víveres.

En 1817, sufriendo todavía los vaivenes del enfrentamiento entre patriotas y realistas y el aniquilamiento de sus bienes materiales, decidió trasladarse junto a sus hijas hasta Tucumán.

El general Belgrano se dirigió en 1818 al Director Juan Martín de Pueyrredón, haciéndole conocer los grandes merecimientos del fallecido coronel Fernández Cornejo y de su esposa doña María Gertrudis Medeiros Martínez, "distinguida y benemérita hija de la Patria". María Gertrudis fue nombrada Teniente Coronel, en mérito a sus grandes servicios a la nación, y falleció en Tucumán sumida en la pobreza. La fecha de su deceso no se ha mantenido hasta nuestros días.

Fuente: Roberto Vitry, Mujeres Salteñas, Salta, Editorial Hanne (2000), pp. 167-168.

 

MARÍA LORETO SÁNCHEZ PEÓN DE FRÍAS

Nació en Salta el 3 de enero de 1777, en el seno de una familia de prósperos comerciantes provenientes de Asturias (España).

Fue una de las más sutiles y audaces espías de la causa patriota, pues vestida de vendedora de pan ingresaba a los cuarteles de Jujuy a la hora de pasar lista, para comprobar la cantidad de soldados realistas.

Ideó también originales métodos de comunicación a fin de mantener bien informada a la tropa patriota, como por ejemplo la cavidad que hizo abrir en un añoso algarrobo a la orilla del río Arias, adonde sus criadas depositaban los partes cuando iban a lavar la ropa. Por todo esto, se la conoció como "el correo de la guerra gaucha".

En 1805 contrajo matrimonio con Pedro José Frías, quien se sumaría posteriormente a la revolución y recibiría importantes heridas de bala en la Batalla de Tucumán. Este hecho lo dejó inhabilitado para seguir combatiendo, pero junto con Doña Loreto continuaron apoyaron la causa patriota.

La pareja dio a luz a dos bravos héroes de la gesta independentista: el recordado teniente general Eustoquio Frías y el coronel Pedro José "Peque" Frías (padre a su vez del médico y gobernador de Salta Pedro José Frías).

Doña María Loreto falleció en la ciudad de Salta, en 1870, a los 92 años de edad.

Fuente: Roberto Vitry, Mujeres Salteñas, Salta, Editorial Hanne (2000), pp. 222-223.